(Como voy escribiendo según me va saliendo, es una cosa expontanea... Esta todo sin corregir y puede ser bastante "despistante". Pido mis disculpas por el relato Murcielagoso y dificil de comprender que podeis leer mas abajo. Este tiene su toquecito bonito, y si acaso algun dia me da por arreglar la puntuación y la estructura y convertirlo en algo descifrable, pondre aqui un simbolo bien gordo, que se vea facilmente...a modo de aviso)
Erase una vez en un pueblo de casas blancas una historia.
Nos situamos en una noche azul marengo. Estamos cerca del mar.Minutos antes un cielo rosa habia teñido arboles y sombras, y nadie les habia quitado aun ese polvillo de nube de azucar.Y al caer noche vimos descender una nube color verde palo chillón que se quedo flotando a la altura de los portales. una señora, que esta tranquila en su casa, abre el horno con un trapo grueso en las manos, lleva puestas unas zapatillas de cuadros clasicas por encima de los calcetines. sale con el bizcocho en la mano y abre la puerta de la calle suavemente con uno de los pies que tiene en las zapatillas.
Tiene que descender cuatro escalones para encontrarse en la calle, alli donde pasean señores que se apoyan mejor en una pierna que en otra, señoras que tienen que salir a hacer recados con el tinte puesto, y niños que se han roto un diente bajando accidentalmente por un tobogan que no tenia manual de instrucciones. Aroma a flores, a bizcocho horneado, a mar, a brisa calida.
al tercer escalon se le cruza un perro que parece estar formado por dos mitades caninas independientes. Tiene un pasear de esos que crean curiosidad y lo mas probable es que simplemente tenga pulgas y la cadera rota.
Por una ventana asoma su nariz el señor Don Francisco. Tiene fama de desayunar tortilla los dias que baja la nube.
Y descienden por la calle mayor chicas con faldas largas y vaporosas,, chicos morenos y snrientes. y terminando la cuesta girando a la altura del arbol, se encuentran en la playa, donde se respira un aire de menta, con pizquitas de limoón, y estornuditos de canela.
Se sientan en esas dunas pequeñas, y alli, con los ojos abiertos como cristales, le dicen hola, bienvenidas, a todas esas hermosas verdades que les quieran entrar por la retina. sonrien con cara de bobos, y miran la nube sabiendose cerca unos de otros, se comportan como aquellas parejas de antañas generaciones que gozaban simplemente de esa compañia, de ese estar sentados sin tocarse ni mirarse, pero confiando que la otra persona no se haya ido sin despedirse.
Cada dia la observaban, ella venia mas bajita, mas rasante.
Algun dia, se susurraban al oido, cuando la nube nos toque los hombros en esta playa, te dare un beso, amada mia.
Y ese dia, el pueblo, puede que se duerma.
Y el ronquido, languido y eterno, parecera que se apaga en el silencio, cuando no haya nadie que lo escuche.
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